Ahora, como un verbo que se desprende de
un magnolio paciente que espera y no reclama,
la luna se sulfura de dientes y de limas
y pace sin prejuicios la noche y las estrellas.
Y las alas barrocas de una palmera antigua
que cobija meandros y finge en la verdura
se desprenden, humanas como sus cuatro muslos,
y caen sin aviso, llamarada inconclusa.
Tus senos como dardos de miel pacificada
y tu estima perfecta, falleba y profecía,
me dejaron en una serenidad inmóvil
de tiempos y palabras, y la noche perdura.
Mujer, inmenso cielo depositado ahora,
y ahora que es ventana a tu estación violeta,
mi lento movimiento es quererte sin pausas
y fijar una música en el friso del siempre.
Una canción de hadas (W. B. Yeats)
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Cantada por el pueblo de las hadas para Diarmuid y Grania, en su sueño
nupcial, debajo de un cromlech.
Nosotras somos viejas y felices,
más que viejas, vie...
Hace 8 horas


