El tren y la mujer que llena el cielo

Poemas.

miércoles 16 de abril de 2008

Una voz para los otros. (Boceto funcional.)

Ya no sorprende. Porque
-lo muestra en sus palabras-
se dedica a un asombro
que repite y repite.

Sin entusiasmos neutros:
miramos su pasado
derruido, y queremos
un sitio más afín
a nuestra inteligencia.

domingo 16 de marzo de 2008

Columpio de la negación

Descanso o detención: en la pared,
como fuego de ansioso,
madura un árbol próximos quebrantos;
porque la duración,
eternidad ahíta de dictámenes
inamovibles, pulcros,
sublime desviación, anhela noches
en las que más roer.

Y no me doy al ángel: tokonoma,
caricia del negado,
un tábano en la flor de la esperanza
sólo busca los éxtasis
que, enfermedad lustrosa, se adelgazan,
exasperados, lívidos,
para poder, aguja, presentir
un tacto en la pared.

El ánimo vencido, el entimema,
sal del azar, perduran
en morbo genuflexo, pasatista.

Porque la adoración, en la mirada
que clava su vencejo
en otra mancha más, es fiebre, y llora.

martes 4 de marzo de 2008

Del salvajismo ilustrado

Ganglioma opuscular, elige el tomo
de ritmos y raíces,
suave clinamen que la escolopendra
medía, magullada.

Ganglioma y maderamen, insistía
con roces y rechazos,
y esa cobija, irrenunciable, pulcra,
enceguecía el morbo.

Ganglioma del aroma navideño,
ganglioma reiterado,
su suerte mejoró.

Como si a Circe, industria alcanforera,
Bolocco reclinada,
le tocara mentir.

viernes 29 de febrero de 2008

El cierne referible

Salinas, esa disección
de apaciguarse mal: siega de trenes,
mina o lámpara enjuta, anota
huero sonar de noches-cierne. Aldabonado
ese como que frío soplo o molleja, decepción
que denota en albas de la pérfida, cinamomo
atardecido que decía.

Lobotomía discernible, atiende
a toda detonación impía o coito, pie de arrastre
que dictamina lo acontecido, ayuno
como que discernible y seco alijibe, se rebela
contra todo lo desapacible del mascar, legumbres
o caldo orgánico en ojos que
velábamos serenamente yá.

Así, para mi cochambre, entimema o guiños
escatimados por pernoctar, y gime
entre molesta en hipos y azucenas
aquello que sería interpretado. Resoplido
que tiene su cadencia, que decía, y dije.

jueves 28 de febrero de 2008

Contratapa

Fuente natal, medalla
que fluye vagarosa, herida o sorbo;
como lograda pena,
como cierzo, se niega a decaer.

Y descripción precisa
de un sobrio dromedario y de una anémona,
de rémoras de sueño
y de vigilia ardida, y de llanuras.

Fuente natal, exordio
que es paño y crisantemo: como juncos;
fuente de apetecidos
mancebos, o jornadas, que se van.

miércoles 27 de febrero de 2008

Sigiloso columpio seco

Ripiosidad, calígine:
rotor marcado de lo propio,
que subdivierte en lo que otrora
crujiera o pose.

Lo todo-prometido, espasmos,
la densidad caída, alzada,
y mientras Jarrett, gran jetón,
se espanta de lo propio -¡de lo propio!-,
o el extenuante gozo, locuela, y va.

Los movimientos habituales-verbo,
casi escribir actos, molienda:
gritos destemplados
de una merca o trabajo que
se raya en disco.

(Paréntesis, pauta, usufructo
que no consigue
la desmemoria de la hacienda, y va.)

martes 26 de febrero de 2008

Mi vida ha sido eterna.

Descomponer las galerías,
los tramos a presentir,
y andar desvencijado, yerto,
como en un sol naranja
que no nos puede reconocer, y amar.

No tengo ahora
cuerpo o descanso, Alhambra
arrebatada.

Otro poema
de puertas que no se columbran,
sólo escritura.

jueves 31 de enero de 2008

Collige, virgo, rosae...

Luna creciente: tiempo de mirar
cómo cruza tu firma
horas en que el reclamo
insostenible muere cuando cierro
estos áridos ojos.

Y crecerás, manchada,
y nuevamente escaparás. Agrego
otra pobre moneda
a la fuente, que ahoga
cualquier reflejo asible: demorados.

sábado 26 de enero de 2008

Y juzgo los papeles, y deseo
el milagro profundo:
por una disyunción afortunada
te agradará buscarme,
y volveremos al antiguo lecho
de piedras solitarias,
y buscarás mi mano, y buscarás
el silencio común
y el paso compartido, y discusiones
tozudas y objeciones
morirán en caricias.

Y no es posible: escribo, y pasa el tiempo,
pasan los días, das
otra sonrisa y otro llanto al mundo,
y mi cuerpo envejece,
pasto de libros y de pergeñados
atisbos de un sollozo
que doy a los demás (para olvidar,
para negar tu cosmos),
y nada tiene fin, y en un estanque
boqueo por tus labios,
lejana la salud.